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Enfermedad arterial periférica: síntomas, riesgos y tratamiento

  • Foto del escritor: Pamela Alejandra Marin Villalón
    Pamela Alejandra Marin Villalón
  • 30 jun
  • 9 min de lectura

Actualizado: 4 jul

La enfermedad arterial periférica ocurre cuando las arterias de las piernas se estrechan u obstruyen, disminuyendo el flujo de sangre hacia los músculos y tejidos.


Conoce qué es la enfermedad arterial periférica, cuáles son sus síntomas, factores de riesgo, cuándo consultar y qué tratamientos ayudan a prevenir complicaciones.


Enfermedad arterial periférica



Diagrama representativo de la ateroesclerosis y la estrechez que genera en las arterias que dificulta la llegada de sangre
Diagrama representativo de la ateroesclerosis y la estrechez que genera en las arterias que dificulta la llegada de sangre

La enfermedad arterial periférica, también conocida como EAP, ocurre cuando las arterias que llevan sangre hacia las piernas se estrechan u obstruyen. Esto disminuye el flujo sanguíneo hacia los músculos y tejidos.

La causa más frecuente es la aterosclerosis, un proceso en el que se acumulan placas de grasa, calcio e inflamación dentro de las arterias. Con el tiempo, estas placas pueden endurecer y estrechar los vasos sanguíneos.

La EAP puede no dar síntomas al comienzo. En otras personas, se manifiesta como dolor en las piernas al caminar, heridas que no cicatrizan o, en casos graves, dolor incluso en reposo.

Además de afectar las piernas, la EAP es importante porque indica que puede existir enfermedad arterial en otras partes del cuerpo. Por eso se asocia a mayor riesgo de infarto al corazón y accidente cerebrovascular.


¿Qué es la enfermedad arterial periférica?


La enfermedad arterial periférica (EAP) es una disminución del flujo de sangre hacia las extremidades, generalmente las piernas, por estrechamiento u obstrucción de las arterias.

Cuando los músculos de las piernas reciben menos sangre, pueden aparecer molestias al caminar. Si la falta de flujo es más severa, pueden aparecer dolor en reposo, heridas, úlceras o cambios de color en los pies.


La EAP puede tener distintos grados de severidad. No todos los pacientes tienen el mismo riesgo ni necesitan el mismo tratamiento.


¿Por qué se produce?


La causa más frecuente es la aterosclerosis.

La aterosclerosis se desarrolla lentamente y se relaciona con factores como tabaquismo, diabetes, hipertensión, colesterol alto, edad y antecedentes cardiovasculares.

Las arterias sanas son flexibles y permiten que la sangre fluya con facilidad. Cuando aparece aterosclerosis, el interior de la arteria se estrecha, el flujo disminuye y los tejidos reciben menos oxígeno.

Este proceso no ocurre solo en las piernas. Una persona con EAP puede tener también enfermedad en arterias del corazón, cuello u otros territorios.


¿Cómo se puede presentar?


La enfermedad arterial periférica puede presentarse de diferentes formas.


Asintomática

Algunas personas tienen EAP y no sienten molestias.

En estos casos, la enfermedad puede detectarse en un examen físico, por ausencia o disminución de pulsos, o mediante estudios como el índice tobillo-brazo o el ecodoppler arterial.

Que no haya síntomas no significa que no tenga importancia. La EAP asintomática también puede asociarse a mayor riesgo cardiovascular.


Claudicación intermitente


La claudicación es la forma sintomática más frecuente.

Se manifiesta como dolor, cansancio, calambre o molestia en la pierna al caminar. Puede aparecer en pantorrilla, muslo, glúteo o pie, dependiendo de dónde esté la obstrucción arterial.

Una característica típica es que el dolor aparece con el esfuerzo y mejora al detenerse o descansar unos minutos.

Muchas personas lo describen como: “me duele la pantorrilla al caminar cierta distancia y se me pasa cuando paro”.


Isquemia crónica amenazante de extremidad

Es una forma grave de la enfermedad arterial periférica.


Puede presentarse con:

  • Dolor en reposo.

  • Dolor nocturno en el pie.

  • Heridas que no cicatrizan.

  • Úlceras.

  • Necrosis.

  • Gangrena.

  • Cambios importantes de color o temperatura.


Esta situación requiere evaluación vascular prioritaria, porque existe riesgo de pérdida de la extremidad si no se trata a tiempo.


¿Es grave?


Depende del grado de enfermedad.


  • Una EAP asintomática requiere control y manejo de factores de riesgo.

  • La claudicación generalmente no implica una urgencia inmediata, pero sí afecta calidad de vida y es una señal de enfermedad arterial.

  • La isquemia crónica amenazante de extremidad es grave y puede poner en riesgo la pierna.


Además, la EAP no solo habla de circulación en las piernas. También es un marcador de enfermedad cardiovascular general, por lo que el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular es mayor en los pacientes que la presentan.


Factores de riesgo



Los principales factores de riesgo son:

  • Tabaquismo.

  • Diabetes.

  • Hipertensión arterial.

  • Colesterol alto.

  • Edad avanzada.

  • Enfermedad renal crónica.

  • Antecedente de enfermedad cardiovascular.

  • Antecedentes familiares.

  • Sedentarismo.

  • Obesidad.


El tabaquismo y la diabetes son dos factores especialmente importantes, porque aumentan el riesgo de progresión, heridas, amputación y complicaciones cardiovasculares.


¿Cómo se diagnostica?


El diagnóstico comienza con la historia clínica y el examen físico.

Durante la evaluación se pregunta por dolor al caminar, distancia de marcha, dolor en reposo, heridas, cambios de color, antecedentes cardiovasculares y factores de riesgo.


El examen físico permite evaluar:

  • Pulsos en las piernas y pies.

  • Temperatura de la piel.

  • Coloración.

  • Presencia de heridas o úlceras.

  • Calidad de la piel y uñas.

  • Signos de mala perfusión.


Uno de los exámenes más utilizados es el índice tobillo-brazo, que compara la presión arterial del tobillo con la del brazo. También puede solicitarse un examen vascular no invasivo (EVNI) que evalúa funcionalmente la extremidad; o a veces incluso, un ecodoppler arterial realizado por radiólogos especializados para evaluar flujo, ubicación de estrecheces u obstrucciones.

En casos seleccionados, especialmente cuando se planifica tratamiento, pueden indicarse angioTAC, angioresonancia o angiografía.


Índice tobillo-brazo


El índice tobillo-brazo es un examen simple y no invasivo que ayuda a detectar enfermedad arterial periférica.

Consiste en medir la presión arterial en los brazos y en los tobillos, para comparar si la sangre llega adecuadamente a las piernas.

Un resultado alterado puede sugerir estrechamiento u obstrucción arterial.

En pacientes con diabetes o enfermedad renal, las arterias pueden estar más calcificadas y el resultado puede ser menos confiable. En esos casos, pueden requerirse otros estudios complementarios.


Estudio vascular no invasivo (EVNI)


El estudio vascular no invasivo, también llamado EVNI, es un examen que permite evaluar la circulación de las piernas sin agujas, sin contraste y sin cirugía.

Se realiza con manguitos de presión, similares a los que se usan para tomar la presión arterial, colocados en distintos niveles de las piernas. En algunos casos también se complementa con mediciones en los dedos de los pies y registro de ondas de flujo.


El EVNI incluye:

  • Índice tobillo-brazo.

  • Presiones segmentarias.

  • Registro de ondas de pulso.

  • Índice dedo-brazo, especialmente en pacientes con diabetes o arterias calcificadas.

  • Evaluación de la circulación antes y después del ejercicio, si corresponde.


Este examen ayuda a confirmar si existe enfermedad arterial periférica, estimar su severidad y orientar en qué nivel puede estar el problema de circulación.

A diferencia del ecodoppler arterial, que permite ver directamente las arterias y localizar estrecheces u obstrucciones, el EVNI entrega una evaluación funcional de cómo está llegando la sangre a las piernas y pies.

Ambos exámenes se complementan. El EVNI ayuda a medir el impacto de la enfermedad en la circulación, mientras que el ecodoppler arterial permite estudiar con más detalle el trayecto de las arterias.


¿Cómo se trata?


El tratamiento depende de la severidad, los síntomas, el riesgo cardiovascular y la presencia de heridas o dolor en reposo.



En general, el manejo incluye:

  • Suspender tabaco.

  • Ejercicio supervisado o programa de caminata.

  • Control de diabetes.

  • Control de presión arterial.

  • Control de colesterol.

  • Medicamentos.

  • Cuidado de pies y piel.

  • Tratamiento endovascular o cirugía en casos seleccionados.


El objetivo no es solo mejorar la circulación de las piernas. También se busca reducir el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, amputación y progresión de la enfermedad.


Dejar de fumar: una medida fundamental

Dejar de fumar es una de las medidas más importantes en la enfermedad arterial periférica.

El tabaco daña las arterias, favorece la progresión de la aterosclerosis, aumenta el riesgo de obstrucciones y empeora la cicatrización.

Suspenderlo puede disminuir el riesgo de complicaciones y mejorar el pronóstico.

En pacientes con EAP, dejar de fumar no es un consejo “general”: es parte central del tratamiento.


Ejercicio y caminata (plan de marcha)

El ejercicio es uno de los tratamientos más importantes para la claudicación.

Los programas de caminata, especialmente cuando son estructurados o supervisados, pueden mejorar la distancia que una persona logra caminar antes de sentir dolor.

La idea no es evitar caminar por miedo al dolor. En claudicación estable, caminar de forma guiada ayuda a desarrollar circulación colateral, mejorar la función muscular y aumentar la tolerancia al esfuerzo.


La revascularización puede considerarse en pacientes con claudicación limitante que no mejoran suficientemente con tratamiento médico y ejercicio estructurado. La guía ACC/AHA 2024 señala que la revascularización es razonable cuando la claudicación limita la función y no responde de forma adecuada al tratamiento médico dirigido por guías, incluyendo ejercicio estructurado debidamente realizado.


Medicamentos

Los medicamentos ayudan a disminuir el riesgo cardiovascular y controlar la enfermedad.


Según cada caso, pueden incluir:

  • Antiagregantes plaquetarios.

  • Estatinas.

  • Medicamentos para presión arterial.

  • Tratamiento para diabetes.

  • Medicamentos específicos para mejorar síntomas de claudicación en pacientes seleccionados.


No todos los pacientes necesitan exactamente los mismos medicamentos, pero en EAP el manejo de riesgo cardiovascular es clave. La guía ACC/AHA 2024 destaca que el tratamiento médico efectivo en EAP incluye terapias para prevenir eventos cardiovasculares y de extremidad, además de manejo de factores de riesgo. Por eso es probable que si lo ve un cirujano vascular, lo derive también a otros especialistas de la medicina, com un cardiólogo o un médico internista.


Tratamiento endovascular o cirugía

Algunos pacientes necesitan mejorar el flujo de sangre hacia la pierna mediante un procedimiento.


Las opciones pueden incluir:


  • Angioplastía.

  • Stent.

  • Aterectomía en casos seleccionados.

  • Bypass.

  • Otros procedimientos de revascularización.




La elección depende de la ubicación y extensión de la enfermedad, síntomas, presencia de heridas, anatomía vascular, riesgo quirúrgico y objetivos del tratamiento.


En claudicación, generalmente se intenta primero manejo médico y ejercicio, salvo situaciones específicas.

En isquemia crónica amenazante de extremidad, la evaluación para revascularización suele ser prioritaria.


¿Necesito cirugía?


No siempre.


Si tienes claudicación:

En la claudicación, muchas veces no se requiere cirugía de entrada. El tratamiento inicial suele incluir dejar de fumar, caminar, controlar factores de riesgo y usar medicamentos indicados.

La cirugía o tratamiento endovascular se evalúa si los síntomas limitan mucho la vida diaria y no mejoran con manejo conservador.


Si tienes isquemia crónica amenazante:

En casos de dolor en reposo, heridas que no cicatrizan, necrosis o gangrena, la posibilidad de revascularización se evalúa con mayor urgencia.

El objetivo es salvar la extremidad, mejorar el flujo y permitir que las heridas cicatricen.


Cuidados diarios

Si tienes EAP, los cuidados diarios son muy importantes.


Recomendaciones generales:

  • No fumar.

  • Caminar todos los días según indicación.

  • Controlar diabetes, presión y colesterol.

  • Revisar los pies diariamente.

  • Usar calzado cómodo.

  • Evitar heridas.

  • Consultar si aparecen lesiones.

  • Mantener controles médicos.

  • No suspender medicamentos sin indicación.

  • Cuidar la piel de pies y piernas.


En pacientes con diabetes, el cuidado de los pies es especialmente importante, porque puede haber menor sensibilidad y mayor riesgo de heridas.


¿Cuándo consultar?


Debes consultar si presentas:

  • Dolor en la pierna al caminar.

  • Dolor que mejora al detenerte.

  • Heridas en los pies que no cicatrizan.

  • Cambios de color en dedos o pies.

  • Disminución de pulsos.

  • Dolor nocturno en el pie, que se alivia al colgar los pies fuera de la cama.

  • Antecedente de diabetes con heridas o molestias.

  • Dudas sobre circulación en las piernas.


La consulta oportuna permite diagnosticar, tratar factores de riesgo y evitar complicaciones.


¿Cuándo consultar urgente?


Consulta de inmediato si tienes:


  • Dolor en reposo.

  • Dolor intenso en el pie.

  • Heridas que no cicatrizan.

  • Úlceras.

  • Zonas negras o necrosis.

  • Frialdad marcada del pie.

  • Cambio brusco de color.

  • Pérdida de sensibilidad.

  • Pérdida de movilidad.

  • Sospecha de infección en una herida.


Estos signos pueden indicar isquemia grave o amenaza de extremidad.


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Mitos frecuentes de la enfermedad arterial periférica



“Es normal que duelan las piernas al caminar por la edad”

Falso. Puede ser cansancio, dolor muscular u otras causas, pero el dolor repetitivo al caminar que mejora con reposo puede ser claudicación y debe evaluarse.



“El ejercicio empeora la enfermedad”

Falso. En pacientes con claudicación estable, el ejercicio indicado es parte del tratamiento y puede mejorar la capacidad de caminar.



“Si no tengo heridas, no es grave”

No necesariamente. La EAP puede aumentar el riesgo cardiovascular incluso sin heridas. Además, puede progresar si no se controla.



“Solo les pasa a personas mayores”

Es más frecuente con la edad, pero puede aparecer antes en personas con diabetes, tabaquismo, enfermedad renal u otros factores de riesgo.



“Si me ponen un stent, ya no necesito controles”

Falso. Después de cualquier tratamiento, el control de factores de riesgo y el seguimiento siguen siendo fundamentales.



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Preguntas frecuentes


¿La enfermedad arterial periférica siempre da síntomas?

No. Algunas personas no tienen síntomas y se detecta por exámenes o por disminución de pulsos.


¿El dolor de pantorrilla al caminar puede ser EAP?

Sí. El dolor que aparece al caminar y mejora con reposo puede corresponder a claudicación intermitente.


¿Qué examen confirma la enfermedad?

El índice tobillo-brazo y el EVNI son exámenes muy usados. En casos seleccionados se solicitan estudios más detallados.


¿Dejar de fumar realmente ayuda?

Sí. Es una de las medidas más importantes para evitar progresión y complicaciones.


¿Caminar sirve aunque me duela?

En claudicación estable, caminar de forma indicada puede mejorar los síntomas. Si hay dolor en reposo, heridas o signos de isquemia grave, primero debes ser evaluado.


¿Toda EAP necesita cirugía?

No. Muchos pacientes se manejan con tratamiento médico, ejercicio y control de factores de riesgo. La cirugía o tratamiento endovascular se reserva para casos seleccionados.


¿La EAP puede terminar en amputación?

En casos graves, especialmente con isquemia crónica amenazante, heridas o infección, puede existir riesgo de amputación. Consultar a tiempo ayuda a reducir ese riesgo.


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Evaluación por cirugía vascular


La enfermedad arterial periférica requiere una evaluación integral, porque no solo afecta las piernas: también puede reflejar riesgo cardiovascular general.


Una evaluación por cirugía vascular permite confirmar el diagnóstico, medir la severidad, indicar exámenes, definir tratamiento médico, evaluar necesidad de revascularización y prevenir complicaciones.


Si tienes dolor en las piernas al caminar, heridas que no cicatrizan, pies fríos, cambios de color o factores de riesgo como diabetes o tabaquismo, consulta para una evaluación vascular. Detectar y tratar la EAP a tiempo puede proteger tus piernas y tu salud cardiovascular.


En caso de requerir una consulta médica, no dude en agendar su atención via telefónica o web en Clínica Indisa Providencia o Maipú

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